El lugar tiene una playa bastante buena y apta para el baño, en el filo del acantilado es donde están todos los restaurantes, tiendas, en los que se puede comprar y degustar todo tipo de comidas.
Es bastante turístico pero si uno quiere puede mantenerse al marjen de todo ese ajetreo, hay buenas caminatas siguiendo el acantilado hacia el norte, donde los pescadores de toda la vida se echan a la mar cada día, para surtir a los restaurantes de pescado y marisco fresco.
Es todo un espectáculo ver el sorteo de pescado en la playa (parece una pelea entre 30 hombres, todos chillando a grito pelado), después las motos en cajas lo tras portan hacia el pueblo.
También hemos conocido a la primera persona que hablaba castellano en nuestro viaje, se llama Txema, un tío muy majo de Palencia.
Con el nos fuimos ha ver el festival del templo que coincidió con nuestra estancia en Varkala, fue increíble ver como decoran todo el templo, calles, elefantes y hacen un pasa calles con ofrendas.
Uno de los días fuimos a cenar con un grupo de gente la casa de una señora keralesa que da comidas por encargo.Según iba sacando la comida, mas alucinábamos, no había nada que estuviera malo, si no todo lo contrario, para chuparse los dedos, todos nos quedamos muy satisfechos. Nos gusto tanto que antes de irnos de Varkala, quedamos con la señora Kumari para desayunar.
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